Múltiples formas del arte conviven en el Museo Caraffa

El museo invita con seis nuevas muestras individuales y la instalación de Ramiro González Etchagüe.

El Museo abre de martes a domingos de 10 a 20 hs. La entrada general es de 50 pesos, los estudiantes, los jubilados y los menores de 18 años no abonan ingreso. Todos los días miércoles la entrada a este museo, y a todos los espacios provinciales, es gratuita y libre. Podés combinar la entrada con el Palacio Dionisi y Ferreyra comprando un ticket promocional de 100 pesos (esa entrada se adquiere en cualquiera de los tres museos).  Leer + información sobre el MEC 

A continuación, una a una las exhibiciones que se pueden recorrer:

En la Sala 1 se puede visitar la muestra El transbordador. La huella de un coloso de Leonardo Gotleyb (Resistencia, Chaco, 1958). Este artista viene desarrollando, desde hace más de veinte años, una potente obra que toma al paisaje urbano como punto de partida para reflexionar sobre los modos de apropiación territorial de las sociedades occidentales. La utilización de la xilografía como medio y la enseñanza de esta antigua técnica en el ámbito académico, lo ubican como uno de los más destacados representantes del grabado argentino de nuestros días. Las colosales arquitecturas de la industria, emplazadas en La Boca del Riachuelo, como parte de un inconcluso proyecto de país, no casualmente conviven con representaciones escultóricas de fauna en vías de extinción. Sus pieles, construidas con impresiones de los tacos xilográficos, realizadas sobre radiografías recicladas, son una ineludible referencia al efecto devastador que vislumbramos ahora, como ciudadanos del mundo, en las metrópolis de la era postindustrial.

En las Salas 2 y 3, se exhibe Ensayo sobre el mal una muestra que reúne una gran cantidad de obras de Diana Dowek(Buenos Aires, 1942), con curaduría de María Laura Rodríguez Mayol. En las salas se organiza un conjunto que recorre la larga y consistente trayectoria de la artista. Sin restarle importancia a los datos históricos que se revelan en toda su producción (puesto que construye sus obras partiendo de imágenes de la prensa, los medios y las redes sociales), se advierte un relato coherente y acaso atemporal, que pone en evidencia los mecanismos mediante los cuales el mundo funciona para algunos, en desmedro de tantos. Como testigo de su tiempo y desde una posición de denuncia, Dowek ha construido toda su carrera con la convicción de que el arte puede aportar algo significativo para impactar en el mundo.

En la Sala 4 continúa la exposición Transpaiting | Spectrum de Ramiro González Etchagüe (Tostado, Santa Fe, 1981). “Transpainting” refiere, en principio, a una transgresión del propio lenguaje: la pintura busca abandonar su sentido representativo y ocupar el espacio real. Esta nueva edición tiene como protagonista a “Spectrum”, una instalación de piezas colgantes que evoluciona en este espacio y se denomina así, para hacer énfasis en el marco conceptual de su obra, desde donde aborda la deconstrucción de la pintura y la jerarquización del color para crear un nuevo paisaje en este sitio específico, proponiendo una nueva y singular experiencia a los espectadores, en contacto cuerpo a cuerpo con los elementos fundamentales de esta disciplina. Esta obra tiene un fuerte carácter evolutivo que permite al artista pensar múltiples alternativas de montaje, para así ofrecer múltiples maneras de habitar y recorrer un mismo espacio.

Continuando el recorrido, en las Sala 5 se puede apreciar Arquitectura de un conjuro una muestra de Marina De Caro (Mar del Plata, 1961), con curaduría de Claudia Santanera.La muestra se propone como un recorrido a través del dibujo y la escultura en torno a diferentes interrogantes artísticos que la obra de Marina De Caro aborda desde los inicios de su carrera hace más de treinta años.

Su cualidad experimental y la capacidad expresiva de la mancha y de la línea en correspondencia con su origen en el arte textil, proponen pensamientos de actualidad acerca de la relación cuerpo / movimiento que desbordan los límites del plano para remitirnos a los gestos ancestrales de la danza o el ritual.

Cada imagen se despliega, persiste o regresa en otra, generando una dinámica esencialmente móvil y cambiante. De esta sucesión de ideas nace una poética en torno al arte motivada por las preocupaciones más profundas de la creación y la propia práctica artística.

En la Sala 6, se presenta Bizarrococó. Inquietantes frutos blandos una muestra escultórica de Juan Carlos Antuña (Córdoba, 1956). La tradición escultórica académica y occidental determinó en sus principios más conocidos que las reglas del dibujo determinan el posterior desarrollo de la pintura y la escultura: patrones, medidas, proporciones y potencias compositivas se aúnan para construir cualquier representación visual. De alguna manera, ese proyecto constructivo admite que todo lo que sucede en una escultura, por ejemplo, se establece de una sola vez para siempre, un hilo flojo en el diseño interior y todo el edificio se derrumba, inevitablemente. El sentido del todo condiciona las partes y cada parte es la expresión perfecta de una matemática infinita, como una gran máquina. La obra de Juan Carlos Antuña nos muestra una versión distinta, no sólo admite la contemporaneidad de sus experimentos morfológicos en el contexto actual sino que, también, nos hace reír de aquellos dogmas establecidos por la tradición.

Mientras en la Sala 7, se exhibe la muestra Entre la chispa y el yunque de Leonardo Herrera (Lucio V. Mansilla, Córdoba, 1954), que presenta una serie de obras, dibujos y grabados, donde los rostros son protagonistas. Sus trazos fuertes, un universo de texturas vibrantes, los planos definidos y una gran destreza formal, permiten advertir que el dibujo modula un lenguaje perfecto y transparente. Los rostros plasmados en las contundentes imágenes de Herrera relevan un adentro y una afuera, como si el dibujo ayudara a conocer y entender un pensamiento y una expresión humana con mucha más precisión que las palabras. En este sentido, brota como una verborragia de formas de la obra de Herrera, un espacio donde nace la mirada pero al mismo tiempo donde todo aflora por primera vez, consciente de sí mismo.

Finalmente, en las Salas 8 y 9 se puede visitar“Un cielo personal” de Alejandra Espinosa (Oncativo, Córdoba, 1968) una muestra que reúne dibujos y esculturas.

El método creativo de Espinosa jamás desdeña el caos pre existente, por el contrario, toma de él lo que contiene de verdad, antes que el lenguaje ejerza su opacidad. Como quien participa de una consciencia que aglutina temporalidades diversas,construye un mundo fantástico, o acaso fantasmal, para narrar experiencias universales. Poblando de obscuros seres antropomorfos el escenario de las salas del museo (¿y anunciando el infierno?), relata angustias, dolores, tristezas y violencias tan viejas como la humanidad. Valiéndose de versiones del Génesis, del Tarot, de cosmologías orientales, e incluso referencias visuales de antiguas culturas americanas, pone en acto un pensamiento acerca de las más profundas contradicciones encerradas en cada sujeto.